
En la geografía sentimental de Andújar, el número 1 de la Plaza Ribas Sabater no representa simplemente una dirección postal, sino un baluarte de nuestra historia viva. Calzados La Plaza se erige junto a la entrada de la Plaza de Abastos no solo como un comercio, sino como un testimonio de resiliencia urbana desde inicios de la década de 1950. Su inscripción en el Catálogo de Bienes Protegidos del Patrimonio Inmaterial no es un mero tecnicismo administrativo; es el reconocimiento a un negocio que ha sabido mantener su actividad y su ubicación original de forma ininterrumpida frente al paso de las décadas y el cambio de las modas.

En la fotografía superior, el local original con el rótulo «ALPARGATAS» sobre el dintel de la puerta. Abajo, misma perspectiva desde la puerta de la Plaza de Abastos, en la que se puede observar el cambio urbanístico que ha sufrido este espacio en los últimos 70 años. Solo Calzados La Plaza y la Casa Espejo (al fondo de la foto, ya en la calle San Francisco) perduran en el tiempo.

«La zapatería chica de la plaza«, apelativo cargado de una cercanía casi familiar, es la definición perfecta de su identidad. Para comprender este presente, debemos retroceder a la posguerra, un tiempo de carestía donde la valentía de un hombre transformó una necesidad básica en un legado imperecedero.

La figura de Manuel Ruiz Sáez, zapatero de profesión, personifica la cultura del esfuerzo que definió a la Andújar de mediados del siglo XX. En una época donde el esparto constituía la base del calzado para millones de personas —siendo un pilar fundamental de la identidad de las comunidades rurales—, Manuel asumió el proceso productivo desde su raíz más literal: la tierra.
No se limitaba a confeccionar; Manuel sembraba el yute que más tarde transformaría con sus manos. Aquella «valentía» mencionada por sus sucesores no era solo empresarial, sino vital, al fundar un negocio en el difícil escenario posterior a la contienda, convirtiendo materiales humildes en un servicio esencial para sus vecinos.

La continuidad de Calzados La Plaza es el resultado de un compromiso familiar que ha desafiado el tiempo a través de Josefa Ruiz Calvente, hija del fundador, y su esposo José Calzado García, quienes regentaron la zapatería durante más de cuarenta años. En la actualidad, María del Campo Ruz Jimenez gestiona el patrimonio vivo del negocio con el apoyo activo de su marido (hijo de Josefa), manteniendo el equilibrio entre la tradición y la gestión moderna.

Este hilo invisible de sangre y oficio ha permitido que la esencia del negocio sobreviva, pasando de la mano que cose a la mano que aconseja. Aunque los métodos de producción hayan cambiado, el propósito de «proporcionar calzado a la comunidad local» permanece inalterable.

Si bien Calzados La Plaza ha transitado de la fabricación propia a la especialización comercial, ha sabido mantener la alpargata de esparto como su producto principal y símbolo de distinción. La tienda ha evolucionado para cubrir todas las facetas de la vida del andujareño: desde el trabajo diario hasta los días de gala en la sierra.

Calzados La Plaza es un custodio de la herencia cultural de nuestra ciudad, desempeñando un papel social que ninguna gran superficie puede replicar. Su especialización en productos vinculados a las monterías y la Romería los convierte en un actor imprescindible de nuestras tradiciones más señeras.
Sin embargo, su mayor valor patrimonial reside en el trato humano. Para los vecinos de avanzada edad, este comercio es un refugio donde sus necesidades son comprendidas más que nunca. Este compromiso con la comodidad y la salud podológica, sumado a la calidez del trato directo, justifica su estatus como un pilar del bienestar de nuestra comunidad.

«Nos da mucha alegría cuando nos vienen diciendo: la zapatería chica de la plaza»
Calzados La Plaza no es solo una tienda; es un Bien Protegido del Patrimonio Inmaterial de Andújar. Su historia, que comenzó con una semilla de yute en las manos de Manuel Ruiz Sáez, es hoy una lección de identidad y permanencia. Cada vez que cruzamos el umbral de esta «zapatería chica«, no solo realizamos una compra; estamos ejerciendo un acto de preservación histórica. Valorar y apoyar el comercio de proximidad es asegurar que el relato humano de Andújar —ese que se escribe paso a paso con zapatos cómodos y trato amable— no se detenga nunca. Es, en definitiva, mantener viva nuestra propia historia.
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Fuentes básicas:
CATÁLOGO DE BIENES PROTEGIDOS DEL PATRIMONIO INMATERIAL DE ANDÚJAR. TOMO I: EL PATRIMONIO PRODUCTIVO
Fundación Universidad de Sevilla.
Coordinador; José Peral López
